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Safari en Sudafrica
La mayoría de los safaris se llevan adelante en el Kruger National Park, el parque nacional más importante de Sudáfrica. Es obvio que se trata de safaris fotográficos o de mero avistamiento de animales y que no se puede cazar en los parques nacionales. No obstante ello, la adrenalina no queda de lado. No sólo el contacto directo con animales salvajes en su entorno natural sino la posibilidad de pasar la noche acampando entre ellos, hacer safaris nocturnos con aparatos de visión nocturna que nos permiten ver lo que no se supone que debamos ver naturalmente o integrar un grupo de personas que se toman muy en serio el safari fotográfico como reemplazo de la caza.
Al pasar la noche entre animales salvajes en medio de las entrañas de la áfrica salvaje no importante qué tan seguros nos diga que estamos el guía, no importa qué lugares hayamos conocido anteriormente en nuestra vida, no podremos dejar de sentir la adrenalina de estar durmiendo (o tratando de conciliar el sueño) en una precaria tienda rodeado por rinocerontes, leones y chitas. Para el turista que siempre quiere llegar al límite entre el disfrute y la desgracia, por es sólo ahí donde encuentra placer, dormir entre los depredadores más feroces de la Tierra es una buena forma de pasar la noche.
Los safaris nocturnos nos permiten observar, mediante visores especialmente diseñados para magnificar la mínima luz de la noche, todo aquello que no estamos nosotros, como humanos, diseñados para ver. Claro que no tendremos la posibilidad de ver a las leonas persiguiendo a las cebras, pero podremos pasar sigilosamente junto a las depredadoras mientras duermen junto a sus cachorros y sus machos de melena. También podremos ver a pequeños animales, entre los que reina el murciélago, durante sus actividades nocturnas, podremos ver la vida de África cuando se apaga la luz. No es poca cosa.
Los safaris fotográficos pueden ser llevados adelante por grupos de personas apasionadas por la fotografía o por personas apasionadas por la caza. En el primer caso, a modo de ver de este cronista, la actividad combina lo mejor del ser humano, mientras que la segunda deja bastante que desear desde un punto de vista ético. No obstante, no se puede dejar de admitir que quien emprende un safari de caza fotográfico aumenta enormemente la adrenalina del paseo. Un fotógrafo puede disparar 50 veces sobre el mismo animal para asegurarse la toma perfecta. Pero si estamos en un safari con aficionados a la caza nos compenetramos en que la cámara es un rifle y que sólo tenemos un disparo: después del primer disparo el animal huirá o nos atacará. Por supuesto que esto es todo imaginación, pero cuando estamos rodeados por personas de todo el mundo que se toman muy en serio la actividad, fácilmente nos metemos de lleno en la fantasía y recreamos un personaje que nada tiene que envidiarle a un cazador con un verdadero rifle entre sus manos.
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